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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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Sí, yo nunca creeré
en: el Dios que ame el
dolor, el Dios que ponga luz roja a las alegrías
humanas, el Dios que esterilice la razón del
hombre, el Dios mago y
hechicero, el Dios que se hace
temer..., PORQUE TÚ ERES UN DIOS DE VIDA
Y NO DE MUERTE. Sí, yo nunca creeré
en: el Dios que no se deja
tutear, el Dios que no necesita al
hombre, el Dios árbitro que juzga sólo con el reglamento
en la mano, el Dios incapaz de sonreír ante muchas trastadas
de los hombres, el Dios que no sabe
esperar..., PORQUE TÚ ERES UN DIOS DE VIDA
Y NO DE MUERTE. Sí, yo nunca creeré
en: el Dios que adoran los que son capaces de condenar
a un hombre, el Dios incapaz de amar lo que muchos
desprecian, el Dios incapaz de perdonar lo que muchos hombres
condenan, el Dios incapaz de redimir la
miseria, el Dios que impida al hombre crecer, conquistar,
transformarse, el Dios que exija al hombre, para creer, renunciar
a ser hombre, PORQUE TÚ ERES UN DIOS DE VIDA
Y NO DE MUERTE. Sí, yo nunca creeré
en: el Dios que sólo pueden comprender los maduros,
los sabios y bien situados..., el Dios a quien agrade la beneficencia de quien no
practica la justicia, el Dios que dé por buena la
guerra, el Dios que cause el cáncer, el sida, cualquier
enfermedad, el Dios que no saliera al encuentro de quien lo ha
abandonado, el Dios que no tuviese una palabra distinta,
personal, propia para cada
individuo…, PORQUE TÚ ERES UN DIOS DE VIDA
Y NO DE MUERTE. |
En
aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la
resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a
uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la
viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el
primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron
con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la
mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer?
Porque los siete han estado casados con ella."
Jesús
les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean
juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los
muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son
hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y
que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la
zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de
Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están
vivos." (Lucas 20,
27-38) |
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