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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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En aquel tiempo (como en todos los tiempos) los
elefantes sagrados de los ricos dominaban el mundo, eran no sólo los más
listos y los más guapos, sino hasta los más sanos y dignos de estar vivos.
Por eso las azucenas corrían a florecer en sus jardines y el dios de los
poderosos (el único que legalmente tenía derecho a existir) estaba
inscrito en su partido y se dedicaba a prepararles los más hermosos
sillones en el Cielo. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los
pobres. En aquel tiempo (como en todos los tiempos)
mandaban los astutos, aquellos que fabricaban la mentira con más hermosos
colores; los que vendían sus patrias a Roma; los que desplegaban mejores
razones a la hora de sacar una espada. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los
mansos. En aquel tiempo (como en todos los tiempos) las
lágrimas no tenían cotización en el mercado y la alegría era más
importante que la verdad y una vida satisfecha era la misma sustancia del
Cielo. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los que
lloran. En aquel tiempo (como en todos los tiempos) la
palabra justicia hacía bonita en los discursos y sólo era delito cuando
quien la usaba no era el Presidente y los pobres la esperaban como un
antiguo pájaro que dicen que ha existido y que es bueno seguir esperando a
condición de que no venga. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los que siguen teniendo hambre
de justicia En aquel tiempo (como en todos los tiempos) el
corazón era una fruta que seguramente debe servir para algo, amar era un
juego que enseñaban a los hombres de niños, mas del que luego tenían
rigurosa obligación de avergonzarse. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los
misericordiosos. En aquel tiempo (como en todos los tiempos) el
prestigio de un hombre se medía por el número de conquistas amorosas
(aunque no siempre era obligatorio que fueran del sexo contrario) y el que
engañaba a mil valía más que mil y el dinero valía tanto como el número de
zancadillas puestas para lograrlo. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los limpios de
corazón. En aquel tiempo (como en todos los tiempos) un
hombre subido en el fusil era lo que se dice todo un hombre y los
espadachines contaban con armas de primera y tenían más derechos a las
flores y hasta eran mejores mozos y engendraban más hijos y tenían razón
en todo. Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los
pacíficos. En aquel tiempo (como en todos los tiempos) el
orden era el summun y era necesario proteger a los que ya eran felices
para que pudieran seguir siéndolo y los malos eran feos y tenían
obligación de elegir entre la cárcel de la miseria y la otra.
Pero entonces vino el rebelde y dijo: Bienaventurados los que padecen persecución por
la justicia. Y
cuando el rebelde terminó de hablar se hizo un minuto (sólo un minuto) de
silencio y los ricos, los astutos, los satisfechos, los demagogos, los
odiadores, los sucios, los violentos y los custodios del orden se
dispusieron a echar azúcar en las palabras del rebelde, mientras los
pobres, los mansos, los que lloran, los hambrientos, los misericordiosos,
los limpios, los pacíficos y los perseguidos, pensaron simplemente que el
rebelde estaba loco. José
Luis Martín Descalzo. “Gritos y
plegarias” |
En
aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar,
enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque
ellos serán consolados. Dichosos
los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra. Dichosos
los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados. Dichosos
los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos
los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios. Dichosos
los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos
los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos
vosotros cuando os insulten y os persigan y os
calumnien
de cualquier modo por mi causa. Estad
alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."
(Mateo
5,1-12a) |
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