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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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Aquí estoy, Señor, como el ciego del camino.
Pasas a mi lado y no te
veo. Tengo los ojos cerrados a la luz
y
no puedo verte. Pero al sentir tus pasos, al oír tu voz,
siento en mí como un manantial que nace,
que grita por ti. Te necesito, Señor. ¡Me ciegan tantas
cosas! Señor, ábreme los ojos a tu
vida. Quiero ver tu rostro con ojos limpios.
Quiero abrir mis ojos a la luz de tu Evangelio.
Quiero mirar la vida de frente y con sentido.
Quiero que la fe sea antorcha en mi camino.
Quiero verte y quiero aprender
que la vida, el dolor y la muerte,
sin tu luz son caos. Quiero ver en cada persona un
hermano. Quiero abrir los ojos a mí
mismo, y
ver dentro de mi vida. Quiero poner mis ojos en las cosas de cada
día y
buscar en ellas tu huella. Señor Jesús, ayúdame a
ver. Limpia mi corazón de lo sucio
para que pueda ver desde dentro.
Como el ciego del
camino, como el ciego, así te
busco. Toca mis ojos con tus dedos
y
ábrelos a la luz. Entonces, Señor, podré decirte: “Creo, Señor”
y
mi camino tendrá rumbo. ¡Gracias, Señor! |
En
aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus
discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para
que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para
que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos
que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá
hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del
mundo." Dicho
esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos
al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa
Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que
antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se
sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero
se le parece." Él respondía: "Soy yo." Y
le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese
hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que
fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le
preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No
sé." Llevaron
ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús
hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo
había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me
lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de
Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un
pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a
preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
Él contestó: "Que es un profeta." Pero
los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la
vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste
vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora
ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació
ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto
los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y
puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los
judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a
quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es
mayor, preguntádselo a él." Llamaron
por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante
Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es
un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan
de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he
dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?;
¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de
improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos
discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero
ése no sabemos de dónde viene." Replicó él: "Pues eso es lo raro: que
vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y
hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un
ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún
poder." Le
replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar
lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado,
lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y
quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo:
el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante
él. Jesús
añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve
vean, y los que ven queden ciegos." Los fariseos que estaban con él oyeron
esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Jesús les
contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que
veis, vuestro pecado persiste." (Juan
9,1-41) |
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