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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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¡Han desfigurado a
Jesús! Han explicado todos los detalles de su
vida y
no han dejado ni uno solo sin explicar. Ya no interesas, Jesús. Ya no
divides. Ya no escandalizas. Se ha desvelado el
misterio y
lo hemos entendido todo. Murió en una cruz, pero es que iba a
resucitar. Se opuso a la ley, pero fue porque era
Dios. Sufrió mucho, pero fue porque luego iba a
gozar. Produjo escándalo, pero es que entonces no le
entendían. Le condenaron a
muerte, pero fue por
equivocación. Denunció a las
fariseos, pero es que eran uno
hipócritas. Quebrantó el sábado, pero es que lo judíos lo habían convertido en una cueva de
ladrones... Ya no interrogas, Jesús. Ya no
divides. Ya no escandalizas. Se ha destapado la
caja y
ha aparecido el misterio sin misterios. Pero no, y mil veces
no. Te han secuestrado, pero yo te recuperaré como
eres, sin explicaciones,
intacto, desnudo de vestidos teológicos y coronas
litúrgicas. Te quiero desnudo,
Cristo, como fuiste, como eres
hoy, como serás mañana, desafiante, interpelante, y
amigo. ¡Inexplicable! Esto harto de
explicaciones. Yo quiero ante el misterio solo
estar, quiero estar y
adorar. Murió en una cruz porque se ganó la
muerte, y
no porque luego iba a resucitar. Se opuso a la ley porque vivió sin
ley, y
no porque fuera Dios. Sufrió mucho porque amó
mucho, y
no porque luego iba a gozar. Produjo escándalos porque era
escandaloso, y
no porque no le entendiesen (¡Vaya si te
entendían!). Le condenaron a
muerte porque era reo de
muerte, y
no por equivocación. Denunció a los
fariseos porque se apoyaban en sus
obras y
en la ley, y
no porque fueran unos hipócritas. Quebranto el sábado, porque el sábado está al
servicio del hombre, y
no porque eran unos exagerados. Se cargó el templo que el único templo es la
fe, y
no porque lo hubieran convertido en una cueva de
ladrones. Marchaos y dejadme solo con
Él. Dejadme solo, a la intemperie con
Él. No me expliquéis
nada. Marchaos y dejadme
solo. Que quiero ante el misterio solo
estar, solo estar y
adorarlo. Y
seguirlo, seguirte, siempre. a
tu calor, caliente, caminando... Patxi Loidi. “Gritos y
plegarias”, p. 524 |
C.
En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos
sacerdotes y les propuso: S.
"¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo
entrego?" C.
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba
buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se
acercaron los discípulos a Jesús y le
preguntaron: S.
"¿Donde quieres que te preparemos la cena de
Pascua?" C.
Él contestó: +
"Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca;
deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis
discípulos"". C.
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la
Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían
dijo: +
"Os aseguro que uno de vosotros me va a
entregar". C.
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras
otro: S.
"¿Soy yo acaso, Señor?" C.
Él respondió: +
"El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo
del hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar
al Hijo del hombre!, más le valdría no haber
nacido". C.
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a
entregar: S.
"¿Soy yo acaso, Maestro?". C.
Él respondió: +
"Así es". C.
Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo
dio a los discípulos diciendo: +
"Tomad, comed: esto es mi cuerpo". C.
Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó
diciendo: +
"Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por
todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto
de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el Reino de
mi Padre" C.
Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús
les dijo: +
"Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré
al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño". Pero cuando resucite,
iré antes que vosotros a Galilea". C.
Pedro replicó: S.
"Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás
caeré". C.
Jesús les dijo: +
"Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me
negarás". C.
Pedro le replicó: S.
"Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré". C.
Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un
huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: +
"Sentaos aquí mientras voy allá a orar". C.
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse
y a angustiarse. Entonces dijo: +
"Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad
conmigo". C.
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba
diciendo: +
"Padre mío, si es posible, que pase y se aleje d mí ese cáliz. pero no se
haga lo que yo quiero, sino lo que tú
quieres". C.
Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a
Pedro: +
"¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la
tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es
débil". C.
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba
diciendo: +
"Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu
voluntad". C.
Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de
sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas
palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les
dijo: +
"Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya
está cerca el que me entrega". C.
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce,
acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los
sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado
esta contraseña: S.
"Al que yo bese, ése es: detenedlo". C.
Después se acercó a Jesús y le dijo: S.
"¡Salve, Maestro!" C.
Y lo besó. Pero Jesús le contestó: +
"Amigo, ¿a qué vienes?" C.
Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los
que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó
la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le
dijo: +
"Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no
puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de
ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice que esto
tiene que pasar". C.
Entonces dijo Jesús a la gente: +
"Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario
me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me
detuvisteis". C.
Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas.
En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que
detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde
se había reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos
hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los
criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo
en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a
muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que
declararon: S."Este
ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres
días". C.
El sumo sacerdote se puso en pie y le
dijo: S.
"¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra
ti?" C.
Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le
dijo: S.
"Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios". C.
Jesús respondió: +
"Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del
hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las
nubes del cielo." C.
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras
diciendo: S.
"Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la
blasfemia. ¿Qué decidís?" C.
Y ellos contestaron: S.
"Es reo de muerte". C.
Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon
diciendo: S.
"Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha
pegado". S.
Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le
dijo: S.
"También tú andabas con Jesús el
Galileo". C.
Él lo negó delante de todos diciendo: C.
"No sé qué quieres decir". C.
Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban
allí: S.
"Este andaba con Jesús el Nazareno". C.
Otra vez negó él con juramento: S.
"No conozco a ese hombre". C.
Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: "Seguro; tú
también eres de ellos, se te nota en el
acento". C.
Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar
diciendo: S.
"No conozco a ese hombre". C.
Y en seguida cantó el gallo. Pedro se acordó de aquella palabras de Jesús:
"Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Y saliendo afuera,
lloró amargamente. Al
hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se
reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el traidor
sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de palta a los sumos
sacerdotes y senadores diciendo: S.
"He pecado, he entregado a la muerte a un
inocente". C.
Pero ellos dijeron: S.
"¿A nosotros qué? ¡Allá tú!" C.
Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los
sacerdotes, recogiendo las monedas,
dijeron: S.
"No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de
sangre". C.
Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para
cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía "Campo de
Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: "Y tomaron las
treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa
de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me
lo había ordenado el Señor". Jesús
fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le
preguntó: S.
"¿Eres tú el rey de los judíos?" C.
Jesús respondió: +
"Tú lo dices". C.
Y mientras la acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba
nada. Entonces Pilato le preguntó: S.
"¿No oyes cuántos cargos presentan contra
ti?" C.
Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.
Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente
quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la
gente acudió, dijo Pilato: S.
"¿A quien queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman
Mesías?" C.
Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba
sentado en el tribunal, su mujer le mandó a
decir: S.
"No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con
él" C.
Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que
pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador
preguntó: S.
"¿A cuál de los dos queréis que os
suelte?" C.
Ellos dijeron: S.
"A Barrabás". C.
Pilato les preguntó: S.
"¿Y qué hago con Jesús, llamado el
Mesías?" C.
Contestaron todos: S.
"¡Que lo crucifiquen!" C.
Pilato insistió: S.
"Pues ¿qué mal ha hecho?" C.
Pero ellos gritaban más fuerte: S.
"¡Que lo crucifiquen!" C.
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando
un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo,
diciendo: S.
"Soy inocente de esta sangre. ¡Allá
vosotros!" C.
Y el pueblo contestó: S.
"¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!" C.
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotado, lo entregó
para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús
al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron
y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas
se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y,
doblando ante él la rodilla, se burlaban de él
diciendo: S.
"¡Salve, rey de los judíos"! C.
Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la
cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y
lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de Cirene,
llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la
cruz. C.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"),
le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo, probó, pero no quiso
beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a
suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron
un letrero con la acusación: "Este es el Rey de los Judíos". Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. los que
pasaban, lo injuriaban y decían meneando la
cabeza: S.
"Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti
mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la
cruz". C.
Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también
diciendo: S.
"A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que
baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo
quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?". C.
Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo
insultaban. Desde
el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella
región. A media tarde, Jesús gritó: +
"Elí, Elí, lamá sabaktaní" C.
(Es decir: +
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?") C.
Al oírlo algunos de los que estaban allí
dijeron: S.
"A Elías llama éste". C.
Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en
vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. los demás
decían: S.
"Déjalo, a ver si viene Elías a
salvarlo". C.
Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el
espíritu. Entonces
el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las
rocas se rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que
habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas,
entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus
hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba
dijeron aterrorizados: S.
"Realmente éste era Hijo de Dios" C.
Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían
seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena
y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los
Zebedeos. Al
anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también
discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y
Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo
envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había
excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y
se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas
enfrente del sepulcro. A
la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron en grupo
los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le
dijeron: S.
"Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció: "A
los tres días resucitaré". Por eso da orden de que vigilen el sepulcro
hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo
y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos". La última
impostura sería peor que la primera. Pilato
contestó: S.
"Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como
sabéis". C.
Ellos fueron, sellaron la pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia
del sepulcro. (Mateo 26, 14-27,
66) |
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