La Reflexión Semanal

El Evangelio del Domingo

 

 

Con nosotros si,

ni delante, ni detrás.

Al lado de mi historia.

Junto a mis proyectos,

al lado de mis decepciones,

de mis ilusiones.

En medio de mis quejas y lamentos.

Al encuentro de mis éxitos y fracasos.

 

Encontrarte en el camino

supone una nueva forma de leer lo que vivo.

De entender mis proyectos,

mis relaciones, mis búsquedas,

mis soledades, mis talentos.

Un empujón que me lanza al vacío,

pero a un vacío cargado de sentido,

donde lo más débil y sencillo es exaltado

y dotado de todo sentido.

No se trata de ver algo nuevo,

sino de ver con ojos nuevos lo mismo que estoy viendo

en el camino de mi vida.

 

Dejar que seas tú, quien me hable de tí.

Por que sin saber como, ni cuando

me descubro inventando quien eres.

Me fabrico imágenes tuyas,

me digo respuestas aprendidas.

Pero solo arde mi corazón

cuando soy capaz de escucharte,

cuando las respuestas nacen al contemplar tu vida

 

 

 

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

 

Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les pregunto: "¿Qué?" Ellos le contestaron: "Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron."

 

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

 

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

(Lucas 24,13-35)

 

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