La Reflexión Semanal

El Evangelio del Domingo

 

 

No me llames extranjero

porque haya nacido lejos

o porque tenga otro nombre

la tierra de donde vengo.

No me llames extranjero

porque fue distinto el seno

o porque acunó mi infancia

otro idioma de los cuentos.

No me llames extranjero

si en el amor de una madre

tuvimos la misma luz

en el canto y en el beso

con que nos sueñan iguales

las madres contra su pecho.

 

Y me llamas extranjero

porque me trajo un camino

porque nací en otro pueblo

porque conozco otros mares

y zarpé un día de otro puerto.

Si siempre quedan iguales

en el adiós los pañuelos

y las pupilas borrosas

de los que dejamos lejos

los amigos que nos nombran

y son iguales los rezos

y el amor de la que sueña

con el día del regreso.

 

No me llames extranjero

ni pienses de dónde vengo

mejor saber dónde vamos

a dónde nos lleva el tiempo.

No me llames extranjero

mira tu niño y el mío

cómo corren de la mano

hasta el final del sendero.

No me llames extranjero

tu trigo es como mi trigo

tu mano como la mía

tu fuego como mi fuego

y el hambre no avisa nunca

vive cambiando de dueño.

 

No me llames extranjero

traemos el mismo grito

el mismo cansancio viejo

que viene arrastrando el hombre

desde el fondo de los tiempos

cuando no existían fronteras

antes que llegaran ellos:

los que dividen y matan,

los que roban, los que mienten,

los que inventaron un día

esta palabra EXTRANJERO.

 

No me llames extranjero

mírame bien a los ojos

mucho más allá del odio

del egoísmo y del miedo

y verás que soy un hombre.

 

No puedo ser extranjero.

 

 

 

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: "Éste es el Cordero de Dios." Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: "¿Qué buscáis?" Ellos le contestaron: "Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?" Él les dijo: "Venid y lo veréis." Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

 

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: "Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)." Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)."

 

(Juan 1,35-42)

 

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