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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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No me llames
extranjero porque haya nacido
lejos o
porque tenga otro nombre la tierra de donde
vengo. No me llames
extranjero porque fue distinto el
seno o
porque acunó mi infancia otro idioma de los
cuentos. No me llames
extranjero si en el amor de una
madre tuvimos la misma luz en el canto y en el
beso con que nos sueñan
iguales las madres contra su
pecho. Y me llamas
extranjero porque me trajo un
camino porque nací en otro
pueblo porque conozco otros
mares y zarpé un día de otro
puerto. Si siempre quedan
iguales en el adiós los
pañuelos y las pupilas
borrosas de los que dejamos
lejos los amigos que nos
nombran y son iguales los
rezos y el amor de la que
sueña con el día del
regreso. No me llames
extranjero ni pienses de dónde
vengo mejor saber dónde
vamos a
dónde nos lleva el tiempo. No me llames
extranjero mira tu niño y el mío cómo corren de la
mano hasta el final del
sendero. No me llames
extranjero tu trigo es como mi
trigo tu mano como la mía tu fuego como mi
fuego y
el hambre no avisa nunca vive cambiando de
dueño. No me llames
extranjero traemos el mismo
grito el mismo cansancio
viejo que viene arrastrando el
hombre desde el fondo de los
tiempos cuando no existían
fronteras antes que llegaran
ellos: los que dividen y
matan, los que roban, los que
mienten, los que inventaron un
día esta palabra
EXTRANJERO. No me llames
extranjero mírame bien a los
ojos mucho más allá del
odio del egoísmo y del
miedo y
verás que soy un hombre. No puedo ser
extranjero. |
En
aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús
que pasaba, dice: "Éste es el Cordero de Dios." Los dos discípulos oyeron
sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo
seguían, les pregunta: "¿Qué buscáis?" Ellos le contestaron: "Rabí (que
significa Maestro), ¿dónde vives?" Él les dijo: "Venid y lo veréis."
Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día;
serían las cuatro de la tarde. Andrés,
hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a
Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: "Hemos encontrado
al Mesías (que significa Cristo)." Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó
mirando y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas
(que se traduce Pedro)." (Juan
1,35-42) |
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