|
La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
|
Ven y sálvanos de nuestra ceguera para descubrirte
presente, de nuestra pereza para caminar
contigo, de nuestras excusas para alejarnos de ti.
Ven y sálvanos de nuestra sordera a tu
palabra, de nuestros desplantes
injustificados, de nuestro gusto por el «hombre viejo de Egipto».
Ven y sálvanos de nuestra dureza para comprender las
Escrituras, de nuestras luchas por los primeros
puestos, de nuestra desconfianza en la semilla del Reino.
Ven y sálvanos de nuestra comodidad puesta como valor
primordial, de nuestra falta de comprensión hacia los
otros, de nuestro egoísmo disimulado.
Ven y sálvanos de nuestra
superficialidad, de nuestra insensibilidad por las cosas de
arriba, de nuestra pérdida de sentido.
Ven y sálvanos de los dioses que nos hemos
fabricado, de la rutina que nos
aprisiona, de nuestras miras pequeñas.
Ven y sálvanos Señor y Dios nuestro, porque sólo Tú eres el Agua
Viva que puede apagar nuestra
sed. |
Se
acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en
el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas
sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo,
ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó
las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quitad esto de aquí; no
convirtáis en un mercado la casa de mi Padre." Sus discípulos se acordaron
de lo que está escrito: "El celo de tu casa me devora." Entonces
intervinieron los judíos y le preguntaron: "¿Qué signos nos muestras para
obrar así?" Jesús contestó: "Destruid este templo, y en tres días lo
levantaré." Los judíos replicaron: "Cuarenta y seis años ha costado
construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?" Pero hablaba
del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los
discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura
y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras
estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su
nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos,
porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un
hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
(Juan
2,13-25) |
|
Liturgia
Joven - www.liturgiajoven.com
-
liturgiajoven@liturgiajoven.com | |
El grupo Liturgia Joven, que prepara y anima cada
semana la misa de 13:30 en la Parroquia del Pilar (Bilbao), te ofrece cada
semana la Reflexión Semanal y el Evangelio del
Domingo.
Si conoces a alguna
persona a la que le interese recibir este correo de forma semanal no dudes en
escribirnos a liturgiajoven@liturgiajoven.com para darnos su
dirección y suscribirle.