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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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Dicen que estoy amenazado de muerte. Tal vez. Sea
de ello lo que fuere, estoy tranquilo. Porque si me matan no me quitarán
la vida. Me la llevaré conmigo, colgando sobre el hombro, como un morral
de pastor. A
quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy,
dicen: los dedos de las manos, la lengua, la cabeza. Se le puede quemar el
cuerpo con cigarrillos, se le puede aserrar, partir, destrozar, hacer
picadillo. Todo se le puede hacer y quienes me lean se conmoverán
profundamente con razón. Yo no me conmuevo gran cosa. Porque desde niño,
Alguien sopló en mis oídos una verdad inconmovible que es, al mismo
tiempo, una invitación a la eternidad: “No teman a los que pueden matar el
cuerpo, pero no pueden quitar la Vida”.... Dicen que estoy amenazado de muerte... ¿Quién no
está amenazado de muerte? Lo estamos todos, desde que nacemos. Porque
nacer es un poco sepultarse también. Amenazado de muerte. ¿Y qué? Si así
fuere, los perdono anticipadamente... Ni yo ni nadie estamos amenazados de
muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de
amor... Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de
muerte. Estamos amenazados de resurrección. Porque además del Camino y la
Verdad, Él es la Vida, aunque esté crucificado en la cumbre del basurero
del mundo”. José Calderón Salazar.
Periodista guatemalteco
amenazado de muerte |
[C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y
los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero
decían:
S. "No durante las fiestas; podría amotinarse el
pueblo."
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la
sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la
mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro;
quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban
indignados:
S. "¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más
de trescientos denarios para dárselo a los
pobres."
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús
replicó:
+. "Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien.
Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos
cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que
podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os
aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio,
se recordará también lo que ha hecho
ésta."
Prometieron dinero a Judas Iscariote
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes
para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero.
Él andaba buscando ocasión propicia para
entregarlo.
¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis
discípulos?
C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual,
le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de
Pascua?"
C. Él envió a dos discípulos,
diciéndoles:
+. "Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua;
seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro
pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis
discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada
con divanes. Preparadnos allí la cena."
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que
les había dicho y prepararon la cena de
Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo
conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo
Jesús:
+. "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo
conmigo."
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras
otro:
S. "¿Seré yo?"
C. Respondió:
+. "Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El
Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a
entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber
nacido!"
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la
alianza
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y
se lo dio, diciendo:
+. "Tomad, esto es mi cuerpo."
C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos
bebieron. Y les dijo:
+. "Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os
aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba
el vino nuevo en el reino de Dios."
Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado
tres
C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús
les dijo:
+. Todos vais a caer, como está escrito: "Heriré al pastor, y se
dispersarán las ovejas." Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a
Galilea."
C. Pedro replicó:
S. "Aunque todos caigan, yo no."
C. Jesús le contestó:
+. "Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces,
me habrás negado tres."
C. Pero él insistía:
S. "Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré."
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir terror y angustia
C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus
discípulos:
+. "Sentaos aquí mientras voy a orar."
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y
angustia, y les dijo:
+. "Me muero de tristeza; quedaos aquí
velando."
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era
posible, se alejase de él aquella hora; y
dijo:
+. "¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo
que yo quiero, sino lo que tú quieres."
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a
Pedro:
+. "Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para
no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es
débil."
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y
los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no
sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les
dijo:
+. "Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos,
vamos! Ya está cerca el que me entrega."
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y
con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña,
diciéndoles:
S. "Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien
sujeto."
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le
dijo:
S. "¡Maestro!"
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los
presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al
criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les
dijo:
+. "¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A
diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se
cumplan las Escrituras."
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho,
envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la
sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios
bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los
sumo sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de
lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con
los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el
Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a
muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio
contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie,
daban testimonio contra él, diciendo:
S. "Nosotros le hemos oído decir: "Yo destruiré este templo, edificado por
hombres, y en tres días construiré otro no edificado por
hombres."
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso
en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. "¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan
contra ti?"
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de
nuevo, preguntándole:
S. "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios
bendito?..."
C. Jesús contestó:
+. "Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha
del Todopoderoso y que viene entre las nubes del
cielo."
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras,
diciendo:
S. "¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué
decís?"
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y,
tapándole la cara, lo abofeteaban y le
decían:
S. "Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a este hombre que decís
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo
sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y
dijo:
S. "También tú andabas con Jesús, el
Nazareno."
C. Él lo negó, diciendo:
S. "Ni sé ni entiendo lo que quieres
decir."
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a
decir a los presentes:
S. "Éste es uno de ellos."
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a
Pedro:
S. "Seguro que eres uno de ellos, pues eres
galileo."
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a
jurar:
S. "No conozco a ese hombre que decís."
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las
palabras que le había dicho Jesús: "Antes de que cante el gallo dos veces,
me habrás negado tres", y rompió a
llorar.]
¿Queréis que os suelte al rey de los
judíos?
C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los
escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le
pregunto:
S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. Él respondió:
+. "Tú lo dices."
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de
nuevo:
S. "¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra
ti."
C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la
fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un
tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la
revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato
les contestó:
S. "¿Queréis que os suelte al rey de los
judíos?"
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la
libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les
preguntó:
S. "¿Qué hago con el que llamáis rey de los
judíos?"
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. "¡Crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "Pues, ¿qué mal ha hecho?"
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. "¡Crucifícalo!"
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a
Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
Le pusieron una corona de espinas, que habían
trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y
reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una
corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el
saludo:
S. "¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las
rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura
y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para
crucificarlo.
Llevaron a Jesús al Gólgota y los
crucificaron
C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de
Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al
Gólgota (que quiere decir lugar de "la Calavera"), y le ofrecieron vino
con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus
ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media
mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba
escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a
su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede
salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y
diciendo:
S. "¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días
sálvate a ti mismo bajando de la cruz."
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él,
diciendo:
S. "A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el
rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y
creamos."
C. También los que estaban crucificados con él lo
insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito,
expiró
C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media
tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz
potente:
+. "Eloí, Eloí, lamá sabktaní."
C. Que significa:
+. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?"
C. Algunos de los presentes, al oírlo,
decían:
S. "Mira, está llamando a Elías."
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a
una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. "Dejad, a ver si viene Elías a
bajarlo."
C. Y Jesús, dando un fuerte grito,
expiró.
* Todos se arrodillan, y se hace una
pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que
estaba enfrente, al ver cómo había expirado,
dijo:
S. "Realmente este hombre era Hijo de
Dios."
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María
Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que,
cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que
habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del
sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado,
vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de
Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de
Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al
centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado
por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y,
bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro,
excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María
Magdalena y María la de José observaban dónde lo
ponían.] (Marcos
14,1-15,47) |
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