LLEGA EL DIA DE VUESTRA LIBERACIÓN
Señor,
en este tiempo de adviento,
en la espera de tu nacimiento...
Para los agobios del cuerpo,
un tiempo de consuelo.
Para el espíritu roto,
el regalo de tu aliento.
Para cada vida saciada,
una vida rescatada.
Por cada sudor vertido,
su gloria bien medida.
Para cada viejo ignorado,
mil ángeles de cuidados.
Para cada niño olvidado,
besos de pan y cariño.
Para la mujer trabajadora,
cantos de alabanza en la tierra.
Para cada pobre que llora,
justicia en paños de gloria.
Para cada cacique que triunfe,
brazos de unión que lo derriben.
Señor, por tu amor,
para cada cruz un descanso,
para cada espina una flor,
para cada noche el relámpago
de tu liberación.
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“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.”
(Lc. 21,25-28, 34-36)
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